Cada día que pasa se me hace más cuesta arriba acomodarme delante del televisor y pasar el rato. La televisión de información que las mismas cadenas, todas y cada una proclaman, se hace insoportable con sus programaciones y parrillas diarias. Ni un solo canal decente que cubra la información y entretenimiento como siempre lo conocimos.

Programas basura en dónde se airean trapos sucios de gente que se autoproclaman ellos mismos famosos, espacios con ingente promiscuidad y el sexo son el denominador común de su guion diseñados y dirigidos especialmente a jóvenes y adolescentes que buscan un pasatiempo entre sábanas y perversiones de un grupo de personas que lo único que persiguen es hacer dinero y fama fácil. Tertulias sin sentido que agrupan a varios analfabetos y ágrafos en busca de su particular fama, sin el más mínimo bochorno. Principios que se pierden con facilidad en entrevistas de muy dudoso valor periodístico y que por lo general se encubren para justificar unos honorarios injustificables. La fama por destapar su intimidad a cambio de una jugosa exclusiva en billetes, personajes que viven sus días gracias a toneladas de medicación antidepresiva o ansiolítica, los mismos que protagonizan las portadas de la prensa rosa y que antes o después ocuparán los divanes de los más afamados psiquiatras del país. O si no, juzguen ustedes el valor informativo periodístico que tiene el preguntar a todo personaje público habitualmente modelos, parejas, o protagonistas de actualidad, por su relación sentimental o si cuando y cuantos hijos tendrá. Ni una sola pregunta sensata y real que haga pensar que en la materia gris del entrevistador, hay más intenciones que el de una entrevista superficial e insignificante a un protagonista efímero y que solo despierta la pasión de lo banal.

Las cadenas de televisión se esfuerzan en obtener audiencia con programas que ahondan en los infiernos humanos del fracaso, el libertinaje o la obscenidad. El infierno de Dante protagonista de nuestros días. Todos condenados a ver como estatuas de sal la televisión histriónica del momento en un cántico funeral al entretenimiento y protagonista del aburrimiento.

Todas. Todas las cadenas de televisión despliegan su catálogo de inmundicias, desgracias, nimiedades y vulgaridades construidas sobre los ideales que la juventud no verá nunca, para llevar a estos a la más absoluta de las degradaciones.

Que poco favor está haciendo a esta sociedad, la televisión a la que han contribuido grupos de comunicación y multinacionales que en su ideario proclaman, entretenimiento, información y diversión y que solo buscan las cifras azules de su accionariado y la salud de una cuenta de resultados, muy oscura.

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