El 2012 que despedimos ha sido un año duro. Tremendo. Apenas unas cuantas cosas han sobresalido sobre las noticias desagradables. Ahora como de costumbre toca proponer los proyectos y las ilusiones para el año venidero que tenemos en la puerta llamando con insistencia. Deseamos que 2013 venga como siempre cargado de buenas noticias y de dulces momentos, pero va a ser poco menos que imposible. El próximo que asoma ya su cruel cara vendrá con las mismas dificultades y el empaque de un año difícil, así que será mejor que nos vayamos haciendo con esta idea. Pero reconocer las dificultades no implica que los sueños que tenemos las personas para el nuevo año no puedan realizarse, si ponemos dosis de esfuerzo e ilusión, y el apasionado trabajo de quién aún tiene confianza, es posible que se cumplan las promesas ahogadas en la copa de cava del último día del año.

Junto a los mejores deseos de felicidad para todos, también, los mejores anhelos para todas y cada una de las personas de mi círculo de confianza. Para los que han sufrido no sin preocupaciones ni desvelos muchas noches de este fatídico año. Para los que han intentado en estos meses, hacer feliz a la gente, los que han socorrido y ayudado humanitariamente a quienes no se sujetaban económicamente por el egoísmo institucional. A los que solidariamente han compartido una buena parte de sus ingresos con gente en los umbrales de la pobreza víctimas de la injusticia más despiadada. Para las personas que arriesgaron sus propias vidas en pos de salvar las de otros al borde de la muerte. Quienes atendieron a enfermos en el final de sus días. A instituciones y organizaciones que rebuscaron fuentes de financiación para salvar del hambre y regalar juguetes a los niños más desfavorecidos. A toda la gente que se ha jugado mucho en este año, darles las gracias por entender la vida como un acto de fraternidad, porque hacer el bien, y ayudar desinteresadamente es una de las sensaciones más gratas que se pueden sentir. Y lo digo por experiencia. Salvar en el último minuto a cualquier persona de la desgracia, es muy muy grande, porque aun con estrecheces se puede vivir dignamente. Es posible conseguir ser feliz haciendo que otros lo sean.

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