El reloj del tiempo no ha puesto frente a un nuevo año, el viejo queda para el recuerdo. Aunque de este es mejor olvidar casi todo, hubo detalles que conviene mantener en la parte agradable del cerebro, la límbica, aquella zona encargada de las emociones y el placer.

Tenemos otros trescientos sesenta y cinco días para cumplir todas las promesas que hicimos para el anterior año y por distintas razones no cumplimos. Aunque yo sé cuáles son esas razones me perdonaréis que no las comparta. Dejarse llevar por el abatimiento es rendirse. El aburrimiento consume a las personas, la falta de expectativas ahoga la razón y una actitud negativa genera desidia que es poco recomendable para nuestras vidas.

Nuestra tarea porque se lo debemos a los que comparten nuestra vida, es la de seguir luchando. Es una época muy dura, pero está ahí para transformarla llevadera. Qué son las dificultades si no pruebas que el destino pone a cada uno. El optimismo con el que debemos de enfrentarnos a la realidad del momento lo encontramos a nuestro alrededor. Existen y tenemos al alcance de nuestra mano cosas hermosas que conservamos pero que no cultivamos. Es una nueva oportunidad para reír, abrazar, querer o ayudar, tender la mano. Vamos a colaborar y a construir el entorno en el que queremos estar, y no el que nos impongan. Tomemos nuestras decisiones, hagamos lo que queremos hacer, pensemos lo que nos agrade y vivamos de la mejor manera, la que nos produzca emociones reales cuanto tocamos, besamos o triunfamos.

Este proceso se llama, aprendizaje de las emociones.

Conozco personas que han estado en paro, que se han sentido realmente frustradas y tristes porque han valorado su situación como algo muy negativo, algo socialmente inaceptable, mal visto o como una situación muy frustrante para ellos. Esta valoración o interpretación de su situación de desempleo, les ha hecho vivir emociones como miedo, tristeza o rabia. Por el contrario, conozco personas que han percibido su despido y su situación de parados como una oportunidad. Se lo han tomado como un período provechoso para su reciclaje profesional, como un momento propicio para reflexionar sobre su vida profesional, como un período para descansar y renovar energías, como un espacio que les permite disponer de más tiempo de ocio o tener más tiempo para dedicar a su familia. Estas personas han vivido emociones diferentes, más positivas, que les ha ayudado a sentirse mejor porque han aprendido a ver el lado positivo de la situación. Es la técnica de convertir lo negativo en positivo.

Tenemos todo un año delante para cumplir los proyectos y las promesas, pero hagámoslo como si la vida nos fuera en ello, como si la última oportunidad llamara a nuestra puerta.

Están ahí, tomémoslas. 

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