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No hace menos de cinco años que la forma de vender ha cambiado. Las técnicas que utilizábamos para llegar al público y que se impartían en todos los procesos de formación haciendo sonar el timbre o golpeando los nudillos contra la puerta, han quedado obsoletas como fundamentos de la venta. Contactar, sondear detectar y cerrar. Cuatro verbos regulares convertidos en pretérito perfecto. Las necesidades del público exigente cambiaron con la tecnología. Las tres uves dobles han acaparado todo el protagonismo. Ahora es el interesado quién contacta con el vendedor, posee toda la información en su mano, solo queda por confirmar las características y que el producto o servicio se ajuste a la necesidad. Necesidad que por otra parte está ya generada por el propio usuario quién conoce sus recursos y procesos mejor que nadie. Solo queda mejorarlos. Ahí interviene el vendedor. Su cualificación y formación cobran tal importancia que de ser sobresaliente estos dos aspectos aportarán un valor extraordinario, y junto con el producto, encierran la solución perfecta.

Los vendedores deben poseer un alto grado de formación técnica, el perfil de un fuera de serie y dominador del ámbito de las tecnologías. Una visión global del proyecto construida en su mente, para aportar soluciones y argumentos que antes o después le serán requeridos. Manejo de herramientas de seguimiento y una visión estratégica de las necesidades y cambios a corto plazo del cliente. El apoyo constante por parte de la empresa, la capacidad de rendimiento y trabajo a deshoras o el horario flexible, harán que los objetivos se cumplan.

El vendedor debe tener a mano todas las armas comerciales que la empresa pueda darle. Soporte, tecnología, formación y un salario justo y equilibrado acorde a su competencia. El vendedor ha conseguido sobrepasar varios procesos de selección, entrevistas y psicotécnicos, no es momento de preguntarse si vale o no. Si ha sido elegido, la empresa deberá poner en él todos los esfuerzos disponibles. Una sola duda respecto de sus posibilidades y resultados, demostrará que el responsable de selección es el equivocado. El período de adaptación empieza el primer día, y debe de ser constante por ambas partes, la formación no culmina con la preparación inicial o el curso de nueva entrada, la capacitación será una constante en el empleo.

La colaboración entre los distintos departamentos que constituyen la empresa, y la comunicación fluida entre todos aportará sinergias positivas para el triunfo y la consecución de los resultados. Tan importante es la parte comercial como la administrativa o financiera.

Un empleado desmotivado es sustituible. Una empresa desmotivada, es un fracaso.

La adecuada presencia de la empresa en las redes sociales, un eficaz proyecto de comunicación, un plan de marketing ajustado a los objetivos junto con una perfecta sincronización entre todos los responsables e implicados en el plan de ventas corporativo, será un éxito seguro.

El Community Manager y el Social Media Manager, aportarán valor durante los próximos años al diseño de las campañas publicitarias y a su puesta en marcha. Entra con fuerza en el organigrama de cualquier empresa la figura del responsable de proyectos sociales, un individuo capaz de mover a una ingente cantidad de usuarios que se mueven por las redes y que crece vertiginosamente. El ideario y la creatividad de estos personajes son clave en cualquier organización. Todo el mundo vende, y para eso están las redes sociales que estarán durante las próximas décadas al servicio de los buenos vendedores. ¿Cómo llegar a cientos de miles de personas, quizá millones, rápida y eficazmente?, ellos tiene la respuesta.

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