Estimado señor D. Mariano Rajoy Brey,

No pretendo ganarme la gloria con estas palabras porque si algo hay de cierto en ellas son los pensamientos comunes de millones de personas que en estos momentos opinan de la misma manera. Solo soy el portador de mis palabras que de ninguna manera representan a nadie y solo a mí mismo, pero que curiosamente en su contenido, coinciden con esa importante parte de la sociedad que de un lado u otro del pensamiento político estarán de acuerdo con esta opinión.

No citaré en esta misiva, ni la corrupción, ni la crisis, ni el paro. Tampoco hablaré de la oposición, del euro y ni tan siquiera de la economía europea. Tampoco pretendo extenderme sobre la prima de riesgo, los ajustes o el euro por receta y de tantos asuntos o temas en el ojo del huracán de la actualidad porque para eso, ya están los medios que se encargan en objetivar la realidad pero siempre detrás de su plan empresarial, vender más periódicos o incrementar las audiencias de su dial, con lo que así ganarán anunciantes, capítulo vital para su cuenta de resultado. Evitaré citar nombres de la actualidad política, pues ustedes ya se empeñan últimamente de ser protagonistas destacados de una realidad tan desagradable como casi diría yo que vergonzosa. De ninguna manera, y vaya por delante para que quede claro, acusaré o pretenciosamente animaré a ello, pues es lo más lejos de mi intención ni molestar, ni proferir injurias contra nadie, o desprestigiar la clase política española pues afanosamente ustedes lo están logrando de sí mismos con verdadera eficacia.

Mire usted señor presidente. Creo que ni de lejos usted o cualquiera que pertenezca a su organización, tanto en el ámbito del partido como en el Gobierno, u oposición, instituciones, organizaciones, pueden llegar a comprender como se sienten miles, qué digo, millones de personas que en estos momentos no tienen un empleo. Es más, le diré que jamás podrán interiorizar, a no ser que se encuentren en esta misma situación -que lo dudo- la desagradable sensación que experimenta un parado, y más en estos momentos, en donde las oportunidades no existen, sea cual sea la preparación o experiencia del candidato. Es así de sencillo, no hay empleo para nadie y su señoría lo sabe. Me gustaría poder llegar a transmitirle cual es el sentimiento general de la ciudadanía en estos graves momentos le votaran o no en las pasadas elecciones. Imagino que su grupo de asesores, y los datos de que dispone en estos momentos solo ratificarán lo que yo le digo. Esto es un verdadero desastre. La población está tan desanimada que ya no cree en sus representantes, porque desde hace muchos años, y sobre todo en las últimas semanas, todos los escándalos aparecidos a los que añadir, la falta de oportunidades, el cierre del grifo de la financiación por parte de los bancos, y la situación coyuntural y económica de este país no da lugar al optimismo. Y a largo plazo, y le invito a salir a la calle y charlar con la gente que pasea por las calles, la gente normal, el ciudadano normal, verá que es muy cierto que la población ha perdido las expectativas y lo que es más importante, la ilusión, sus esperanzas están a la altura del betún.

Estamos viendo el empeño que pone el gobierno, el actual, en recuperar cosas que ustedes, pero sobre todos los anteriores gobiernos se han empeñado en destruir. Pero primero y podría llegar a entender las razones aunque nos las comparta, han puesto todo su foco en salvar a quienes la mayoría de la sociedad piensa que han sido los principales causantes de este drama que vive actualmente España. De esto y se lo digo con franqueza, la gente en general piensa que ustedes les están ayudando a lavar la imagen y el prestigio que no se merecen, a pesar de que alguna vez creyéramos que lo tenían.

Mire usted señor presidente. Con la pérdida de la ilusión, viene en muy poco tiempo la desmotivación general, para todo el mundo, ciudadanos, empresarios, estudiantes etc. Más tarde llega la desesperación ante la pérdida de oportunidades y finalmente la impotencia de no poder hacer nada. Con este panorama ustedes son los que más pierden, porque su credibilidad está hoy por debajo del indicador de cero grados. La han perdido, y los responsables de esta pérdida de la confianza son ustedes mismos, los de antes, los de ahora y muy probablemente los futuros.

Es seguro que ni de lejos puedan atisbar, los difícil que es llegar a final de mes, eso los que cobran prestaciones, pero no digo ya, lo imposibilidad de vivir dignamente con un subsidio de apenas cuatrocientos cincuenta euros. A esto hay que añadir, el desprestigio que tiene dentro de la sociedad, un parado. Nadie cree en un subsidiado, nadie le ayuda, nadie confía en él. Cobramos a día 10, lo que supone ya un esfuerzo extraordinario por que como usted sabrá los compromisos de pago se ejecutan los primeros días de cada mes, con el consiguiente pago de comisiones por descubierto que las entidades no perdonan, si, esas entidades que antes salían a cogerte del cuello y que ahora nos dan el esquinazo, y eso si uno tiene la suerte de que su banco de toda la vida, en el que confiaba y del que recibía financiación casi a la fuerza, siga estando ahí.  Somos una especie de enfermos contagiosos que producimos urticaria a nada que asomamos la cabeza por la puerta del banco otrora amigo.

No tenemos acceso a ningún tipo de financiación. Las corporaciones o empresas comerciales que antes no tenían ningún remilgo en ofrecernos crédito, ahora se escudan en la letra pequeña del contrato cuando defienden sus intereses a la hora de cobrar a primeros de mes, que aunque es muy legítimo por su parte, es imposible ante la nueva situación económica del desempleado. Son inflexibles, y uno se tiene que sacudir a las empresas de cobro de deudas casi a diario, empresas que han florecido por otro lado al amparo de la coyuntura económica, y de las que recibimos un trato rozando la ignominia.

Señor presidente. Ustedes los políticos olvidan con facilidad que esta ingente cantidad de españoles alguna vez contribuyeron al crecimiento de esta sociedad, que ayudaron al enriquecimiento de un país al que muchos adoran y que con su modesta contribución durante tantos años hicieron de una sociedad digna y honesta, una nación que se respeta en el mundo. Ustedes han de comprender que el drama que viven casi seis millones de personas, es el causante de las enfermedades sociales que nos azotan, separaciones, maltrato o ruptura de la convivencia de las familias. El paro no solo deja a las personas desamparadas, o las desprotege frente a las adversidades, también las excluye socialmente y las degrada como personas, y de esto, como no puede ser de otra manera ustedes los gestores políticos son los únicos responsables. Jamás se ha vivido en este país una crisis parecida y jamás los españoles se han sentido tan desamparados como lo sentimos en estos momentos y repito, este sentimiento que apenas sale en sus encuestas, es el día a día no solo de los que no tienen o no encuentran trabajo, también lo es de los que tienen temor a perderlo. Este país se desangra y la lista no para de crecer.

Cualquiera de ustedes no puede ni imaginar aunque lo intenten comprender o aparentar que los sienten, lo dramático que es el día a día de una familia que sabe que a mediados de cualquier mes, ya no habrá dinero para comer. Es imposible que entiendan el sufrimiento que a una persona le produce esta situación, porque no la han vivido, y para experimentar las cosas hay que interiorizarlas.

Me gustaría que pudieran admitir que sus fracasos, los de los políticos en general, son hoy la penalidad de muchos españoles que no se merecen este destierro y que inevitablemente una o dos generaciones de españoles están avocadas a la penuria. Vivir hoy se hace casi imposible. Es muy cierto que durante unos años nos creímos el centro del mundo, sobre todo algunos que vivieron en la inopia más descerebrada en la que uno puede vivir, el desconocimiento, y esta falta de la visión más real embriagada por las urnas y el poder, hicieron que muchos emprendiéramos proyectos que en cualquier sensata realidad, nadie hubiera abordado. Fuimos engañados, no sé si premeditadamente o no, pero ahora ya no importa, lo que queda como dicen por ahí “es lo que hay”. Y esta realidad es la que ha desprestigiado a su colectivo, más preocupado por obtener un cargo que garantice un salario vitalicio que de ser benefactores de una sociedad. Muchos en vez de servir al pueblo se han servido de él, y esa imagen que es la que ustedes proyectan ahora, ya no la podrán desterrar. Se la ganaron a pulso.

 

 

Señor presidente de esta nación, en algo nos parecemos, yo perdí mi solvencia al igual que ustedes la perdieron con los españoles. Nos convertimos en incrédulos gracias a sus actos y sus equivocaciones y realmente no imagino lo que tendrá que suceder para que puedan recuperar el crédito y su reputación, bien perdida por otro lado.

Desde luego en eso han estado ustedes muy acertados, en lo demás son un fiasco. Todo huele a podrido, apesta por donde vayas y las sensaciones son tan reales como desagradables.

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