Debajo de su aspecto engañoso, oculto bajo el manto blanco de su piel estaba esa mujer azotada por la desgracia de haber perdido a quién le acompañó durante tantos años y de los que se podría pensar que formaron un solo cuerpo y una sola alma y ella podía renacer de nuevo. A veces cuando alguien se va para jamás volver, es por alguna razón que aunque intentemos justificarla como injusta, atiende al destino de las personas. Es la verdadera explicación de algo que quizá, no la tiene y que nunca entenderemos.

Podemos entregar nuestras motivaciones e ilusiones al trabajo. Durante mucho tiempo lo hice así, hasta que el trabajo al que había regalado muchas horas de mi sueño, me decepcionó. Se ponen tantas esperanzas en él, que de no continuar por el camino que esperamos, termina por desmoralizarnos por completo. Es muy importante mantener la calma. Si todos tuviésemos la suerte de desempeñar el trabajo que nos gusta, la felicidad fluiría a raudales. Elegimos el trabajo y luego la familia, creo sinceramente que debería de ser al contrario o cuando menos equiparar ambas cosas.
Tenemos una gran oportunidad. Las grandes crisis como la que vivimos, genera caudales de ideas, de iniciativas, de proyectos. Es así que con los que muchos ya no cuentan, como es mi caso, esta dificultad genera en mi tal motivación y tanta fuerza que sería capaz de impulsar un avión a reacción. De solo pensar en las cosas que nunca hice y de las oportunidades que ahora tengo para hacerlas, de comenzar proyectos, de diseñar, construir, imaginar. La tristeza que nos dan las desgracias si la gestionamos adecuadamente es como una turbina que se mueve a diez mil revoluciones por minuto, capaz de convertir lo negativo en energía positiva, en optimismo, capaz de empujar desde el interior para inspirar la creatividad.
El destino pone en nuestras manos montañas de oportunidades, algunas las aprovechamos y otras las descartamos. Cambiemos la forma en que miramos las oportunidades. Ya no vale la complacencia, ahora solo es efectivo hacer todo lo necesario para crecer como persona, para creer en uno mismo, y en que la pasión que debemos poner puede hacernos vivir en realidad el futuro que hemos soñado, aquel que nosotros mismos debemos levantar. Reflexionar viene bien porque las oportunidades se presentan en forma desconocida. Y actualmente vivimos esa oportunidad. Aprendamos a descubrirlas, están ahí.

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