Ayer sufrí una tremenda distracción. No pienso pagar el pecado y mi absolución pasa por sobreponerme con estas líneas que me salvaran de los terribles infiernos a los que considero que están castigados todos los asistentes a la vil demostración de ayer. Verdaderos expertos en cómo se puede hacer audiencia utilizando la demagogia y la misantropía publicitaria. En un plató de televisión de una cadena nacional se reunían un escogido grupo de personas, profesionales del periodismo, expertos en psicología y psiquiatría junto a un famoso abogado. El objetivo de la tertulia era decidir en un bochornoso juicio paralelo que hacer con el presunto asesino de sus dos hijos, un hombre llamado Bretón. Sin duda escalofriante demostración de que en este país hace ya algunos años, se practica este tipo de técnicas que condicionan la opinión pública de tal manera que los jueces o jurados que deben decidir sobre la aplicación de una sentencia, se encuentran sometidas a la presión de los medios. Y anoche fue otro claro ejemplo, la palpable demostración de la manipulación escalofriante que rezuma en aquella cueva mal llamada cadena de televisión. El tal José Bretón no es ni por asomo santo de mi devoción. Es cierto que su mirada es inquietante, como más inquietante es si se demuestra lo que hizo con esas dos criaturas indefensas. Un grupo de personas elegidas digo yo que, de forma legal para formar un jurado libre y sin ataduras, son los que tienen la misión de enjuiciar y por lógica luego un juez, redactar la sentencia que se traduzca de interpretar la Ley Penal por sus atrocidades. Un selecto grupo de periodistas, psicólogos y abogados no pueden salir en televisión pidiendo las penas máximas o la reclusión en instituciones para asesinos psicópatas tal y como lo hicieron ayer los tertulianos. Pero aunque exista esa libertad de expresión y de pensamiento, es la propia cadena de televisión la que debería de ser más sutil y objetiva con estas noticias y no utilizar el propio debate y la popularidad para incrementar sus arcas a costa de nadie. Al presunto asesino le declarará culpable si lo es, un juez, por el veredicto de un jurado libre, pero no porque lo dicte un aburrido grupo de profesionales pagados con los ingresos publicitarios de algunas marcas de productos que en una maniobra propia de la manipulación periodística aprovechan “unos minutos para publicidad y volvemos enseguida”, con alevosía y premeditación. Sin duda el individuo en cuestión tiene todos los naipes para ser proclamado culpable de las aberraciones de las que se le acusa, y desde luego no iría yo con él ni a cobrar lotería, pero señores, en España existe, y aunque ustedes no lo practiquen una protección legal que se llama, “presunción de inocencia”. Nos guste o no. Las ejecuciones públicas se acabaron con la Edad Media.

Anuncios